¿Por qué un Órgano hoy?

Foto de Tony Tirado

Órgano Amezua&Cia, 1931. Arciprestal san Jaime, Vila-real

La música litúrgica tiene en su mayor valor al rey de los instrumentos como protagonista. Los diferentes concilios de la Iglesia Católica así como la tradición, avalan la idea del órgano como instrumento predilecto en la Iglesia Católica.

 

Cinco siglos de música hacen que el instrumento no pertenezca solo a un colectivo, sino a todo un pueblo. Desde su primer uso litúrgico hasta su fin más cultural, el órgano aspira en sus grandes fuelles el aire, el alma de todo un pueblo convirtiéndo este en belleza y cultura. Por eso el órgano aúna fe-cultura, siendo este es el sentido que queremos dar al nuevo instrumento.

 

La música, arte efímero por definición, constituye en su esencia un referente social. Esta cualidad hace a la música un bien inmaterial de gran valor al quedar su sonido grabado fuertemente en la conciencia y alma de un pueblo mucho más que cualquiera de las otras artes. A nivel colectivo e individual, todos tenemos esa melodía, ese sonido que con solo sonar unos compases ya mueve en nosotros todas las emociones. Nada sería de los instrumentos sin la música que proporcionan, siendo esta desvanecida al paso de unos pocos segundos, pero que perdura para siempre en la memoria individual y colectiva.

 

No se recupera o restaura un instrumento por su valor estético, que también, sino por el sonido que emite. Recuperar esos sonidos, es devolver parte de esa historia emocional que vivieron nuestros antepasados en momentos de júbilo o tristeza, de esperanza o desasosiego; donde la música del órgano formó parte de su historia durante décadas.